Más allá de la promoción, el Ministerio de Transporte y Comunicaciones apuesta por infraestructura y corredores estratégicos para integrar nuevos destinos al mercado turístico.
La diversificación turística en el Perú pasa por algo más estructural que la promoción de destinos. La conectividad terrestre y aérea empieza a redefinir el mapa del sector y a mover la mirada más allá del tradicional circuito sur.
En el evento internacional “Diversificación de oferta turística en el Perú”, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones planteó una hoja de ruta centrada en corredores estratégicos capaces de articular regiones con alto potencial, tanto en la costa como en la Amazonía. La apuesta apunta a convertir recursos geográficos en destinos accesibles, con infraestructura de transporte eficiente y sostenible.
Durante el panel “Diversificación y fortalecimiento de turismo a través de corredores turísticos”, el viceministro de Transportes, Juan Haro Muñoz, explicó que la experiencia del visitante comienza desde el primer kilómetro de la ruta. Frente a representantes del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe y de ONU Turismo, insistió en que la infraestructura no es un complemento, sino la base que permite dinamizar la actividad.
El enfoque actual busca desplazar el protagonismo del eje Cusco–Machu Picchu hacia nuevos polos regionales. Para ello, el MTC prioriza corredores que integren destinos emergentes con mercados nacionales e internacionales, reduciendo tiempos de viaje y costos logísticos.
Esa reducción, según explicó el viceministro, genera condiciones para que el sector privado invierta en hotelería, gastronomía y servicios turísticos en distintas regiones del país. La coordinación con el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo y con la banca multilateral forma parte de esta estrategia intersectorial.
En el cierre de su intervención, Haro Muñoz dejó una premisa clara: “No hay turismo sostenible sin una conectividad física que lo soporte”. Bajo esa lógica, el MTC orienta su gestión hacia proyectos que vinculen infraestructura y desarrollo territorial, con impacto directo en la economía local y en la calidad de vida de las comunidades.


