El gobierno impulsa una estrategia para redirigir los flujos hacia regiones menos visitadas, pueblos históricos y áreas rurales.
Mientras destinos como Roma, Venecia y Florencia reciben millones de turistas cada año, amplias zonas del país permanecen fuera del radar turístico e incluso enfrentan problemas de despoblación. Según datos oficiales, Italia registró 185 millones de llegadas en 2025 (llegadas totales en alojamientos y no turistas individuales), con un crecimiento del 7,1 %. Sin embargo, el 75 % de esos flujos se concentra en apenas el 4 % del territorio, lo que evidencia una gigantesca concentración. Es lo que provoca el sobreturismo y genera muchas distorsiones, desde movimientos de hostilidad de parte de los locales hasta saturación de los servicios públicos y deterioro del patrimonio.
El sobreturismo provoca además un incremento del costo de vida para los residentes y una pérdida de calidad en la experiencia turística para los viajeros. Europa es el epicentro de este fenómeno, que abarca muchos destinos del mundo (y hasta la Argentina, con el caso concreto de El Chaltén, cada verano). Cada gobierno desarrolla soluciones distintas para contrarrestar la concentración del turismo. En el caso de Italia, el eje fue puesto en la naturaleza y el patrimonio.
Un potencial oculto
El gobierno italiano eligió posicionar destinos alternativos, sean pequeñas localidades, zonas rurales o regiones del interior que detienen una parte significativa del patrimonio cultural del país (cerca del 40 % de los museos, monumentos y sitios arqueológicos accesibles se encuentran en áreas alejadas de los grandes circuitos turísticos).
La propuesta apunta a mostrar las múltiples facetas de Italia con sus pueblos medievales en regiones como Abruzzo, sus valles alpinos menos explorados, sus lagos y paisajes naturales fuera de los itinerarios clásicos y sus experiencias rurales como el agroturismo.
La ministra de Turismo, Daniela Santanchè, sintetizó esta visión al definir al país como “el país de los 8.000 campanarios”, en referencia a la diversidad de pequeñas localidades con potencial turístico.
Esta política encuentra además un respaldo en la evolución del comportamiento de los viajeros. En 2025 las visitas a zonas rurales y pueblos crecieron alrededor del 7 % y el alojamiento extra hotelero (alquileres, agroturismo) aumentó un 13 % en Italia. Al mismo tiempo la hotelería tradicional mostró un crecimiento más moderado de solo 3 %.
Desestacionalizar y diversificar el turismo
Además de diversificar los destinos, se promueven viajes en temporada media y baja y se incentivan circuitos alternativos. El Estado italiano creó un fondo de 34 millones de euros destinado a pequeñas localidades. Con este dinero pueden mejorar su infraestructura turística y promoverse más allá del ámbito regional.
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