Un puente en medio de la puna marca el ingreso a T’aqrachullo, la ciudadela inca de Espinar que abrió al turismo hace apenas unos meses.
El puente Totorani, en el kilómetro 29 de una trocha que sale de Suyckutambo, es el umbral de uno de los sitios arqueológicos más recientes en abrirse al turismo en el sur del Perú. T’aqrachullo, ciudadela inca enclavada en la provincia de Espinar, región Cusco, recibió su habilitación turística oficial en diciembre de 2024 y desde entonces atrae a quienes buscan patrimonio prehispánico fuera de los circuitos masivos.
El sitio ocupa un lugar dentro del Área de Conservación Regional Tres Cañones y su entorno altoandino ya justifica por sí solo el desplazamiento. Pero lo que hace de T’aqrachullo un destino singular es la diversidad de funciones que concentra en sus más de 300 estructuras restauradas: fue asentamiento habitacional, centro ceremonial y nodo estratégico dentro de la red vial del Tahuantinsuyo. Un tramo del Qhapaq Ñan atraviesa el conjunto por su lado oeste y lo conectaba, hacia el sur, con Arequipa y el Collasuyo.
Entender esa lógica territorial se vuelve más claro desde el punto más alto del conjunto, donde el paisaje se abre hacia el cañón de Virginniyoc, el río Apurímac y la quebrada de Totorani. Es uno de esos miradores que no requieren explicación. A menor altura, la Kallanka, una estructura rectangular asociada al tránsito de caminantes a lo largo del camino inca, y los corrales de casi 28 metros de largo destinados al resguardo de camélidos, revelan la escala cotidiana del asentamiento. Las viviendas de formas circulares y rectangulares conservan fogones, tianas y batanes.
Lo ceremonial tiene también su peso en el recorrido. El sector Yuractorriyoc, conocido como Espejos de Agua, alberga pozos tallados en roca que servían tanto para almacenar agua como para observaciones astronómicas, junto con enterramientos y un monolito de estilo Qolla. Las chullpas, torres funerarias de planta circular y cuadrangular, aparecen distribuidas por el sitio. En la parte alta, el sector Pukara Qèpa muestra la superposición de ocupaciones Wari e Inca en un mismo espacio, una evidencia de que el lugar fue habitado y resignificado por distintas culturas a lo largo del tiempo.
Llegar desde Cusco implica recorrer 244 kilómetros por la carretera a Espinar, un trayecto de unas cinco horas hasta Yauri, más 45 minutos de trocha afirmada hasta Suyckutambo y un tramo final hasta el puente Totorani. Desde Arequipa la ruta pasa por Juliaca con desvío en Patahuasi, atravesando Chivay, Callalli y Sibayo. Desde Puno también se llega por la PE-34A pasando por Juliaca, Imata y Yauri. Quienes vienen desde Apurímac toman la PE-3Sw desde Chalhuahuacho por Santo Tomás, Velille y Coporaque.
El ingreso es libre en horario referencial de 8:00 a 16:00 horas, aunque conviene confirmar condiciones con la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco o el municipio de Suyckutambo antes de salir. El clima es frío y seco, con temperaturas entre 7,2 °C y 8,6 °C; la mejor época va de abril a noviembre. En julio y agosto las heladas son frecuentes. Para el recorrido vale la pena llevar ropa de abrigo, protector solar, botiquín con medicamentos para el mal de altura, agua, snacks y calzado de trekking ya rodado. Los bastones ayudan en el terreno irregular.
A poca distancia, otros sitios de la provincia de Espinar permiten extender el viaje: Maukallaqta, Muyuqhawa, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2024, Ayapukara, Paris Pukara y la Garganta del Diablo, una formación natural dentro del entorno de los Tres Cañones.


