Las diversas regiones del país exponen sus platos típicos y despensa nativa a través de itinerarios culinarios tradicionales.
En el marco de la Semana de la Gastronomía Peruana, las regiones buscan exponer sus platos típicos y variedad de ingredientes. El país cuenta con más de 500 preparaciones tradicionales que se extienden por rutas culinarias emblemáticas que posicionan la cocina en el ámbito internacional.
Estos itinerarios gastronómicos integran historia, identidad cultural y biodiversidad, convirtiendo a la nación en un destino de sabor, que actualmente goza con galardones internacionales, entre ellos el Mejor Destino Culinario del Mundo en los World Travel Awards.
Para el recorrido culinario del país, la ruta se puede dividir entre norte, centro, sur y Amazónica. El viaje septentrional reúne platillos de mar y costumbres ancestrales. En sus opciones principales resaltaran insumos como ajíes, leguminosas, tubérculos y frutos como el Zapallo loche.
Lambayeque es reconocida como la capital de la cocina milenaria norteña con viandas como el arroz con pato a la chiclayana, el seco de chavelo y el cabrito con frejoles.
En este sector también resaltan Piura, con su ceviche de meso y maja de yuca; La Libertad, con Shámbar y el frito trujillano; y Cajamarca, con su industria láctea y sus propuestas de caldo verde, cuy y quesillos con miel.
El centro, por su parte, ofrece una despensa con alimentos del Valle del Mantaro, donde se encuentran los campos más fértiles del territorio.
Áncash destaca por el protagonismo de los granos, raíces y carnes, en recetas como la pachamanca, el picante de cuy, la llunca de ave y el puchero ancashino.
Asimismo, Junín posee delicias emblemáticas como la papa huancaína, el consomé de cabeza de res y la pastaca, uniéndose a Huánuco, que sobresale con su locro de gallina y prestiños huanuqueños.
En tanto, el sur se vincula a la oferta con una herencia afroperuana. Cañete, cuna de esta tradición, distingue con la sopa seca, el chupe de camarones de río y los tamales; de la mano, se fusionan los pallares con seco de carne vacuna y la carapulcra de garbanzos de Ica.
Mientras, en la extensión de la zona, Arequipa —abanderada de las picanterías y distinguida entre las mejores mesas tradicionales por Taste Atlas— presenta como cartas de presentación el rocoto relleno, el concentrado de crustáceos y el solterito de queso.
Cusco, Ayacucho, Apurímac, Puno, Moquegua y Tacna se unen con sus alternativas insignes como chiriuchi, puca picante, tallarines con estofado de corral, timpu de pescado, la cacharrada y el picante a la tacneña.
Por su lado, la Amazonía expone su riqueza biológica con especies extraídas de sus ríos y vegetales como el camu camu, la cocona, la chonta, el bijao y el sachatomate.
San Martín brilla con potajes como el juane de arroz, el de mandioca, el nina juane y otros que van acompañados de proteína silvestre.
Y Loreto se suma con la patarashca y la ensalada de palmito, en tanto Ucayali y Madre de Dios se integran con una propuesta culinaria de inchicapi, pango de pescado y doncella frita.
Con esta oferta culinaria descentralizada, el país reúne su agrobiodiversidad, geografía y tradiciones para consolidar su posicionamiento en el mercado gastronómico internacional. La integración de los perfiles de sabor de cada región proyecta la cocina nacional como un eje de desarrollo cultural y turístico frente al mundo.


