El posible duelo entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez plantea un escenario polarizado que ya genera lecturas dentro y fuera del país.
El escenario electoral en Perú vuelve a situar al país en un momento de alta incertidumbre política, con implicaciones que comienzan a ser observadas por distintos sectores, entre ellos el turismo. El avance del izquierdista Roberto Sánchez Palomino al segundo lugar en el conteo y su posible paso al balotaje frente a Keiko Fujimori perfila un escenario polarizado.
Con el 92.1% de los votos contabilizados, Fujimori lidera con el 17%, mientras Sánchez alcanza el 12%. La diferencia se da en un contexto de fragmentación del voto, donde otras candidaturas como las de Rafael López Aliaga (11.8%), Jorge Nieto (11%) y Ricardo Belmont (10.1%) mantienen porcentajes cercanos. Este reparto refleja un electorado dividido, sin mayorías claras, una constante en la política peruana reciente.
Un clima político marcado por la desconfianza institucional
Las elecciones se desarrollaron en general con normalidad, aunque con incidencias que generaron cuestionamientos institucionales. Problemas logísticos en varios centros de votación en Lima, donde no llegaron papeletas a tiempo, obligaron a extender la jornada electoral. La Oficina Nacional de Procesos Electorales quedó en el centro de las críticas, mientras el Jurado Nacional de Elecciones habilitó nuevos espacios de votación y trasladó denuncias a la Fiscalía.
Estos episodios se insertan en un contexto más amplio de inestabilidad. En los últimos años, Perú ha atravesado sucesivos cambios presidenciales, tensiones entre poderes del Estado y episodios de conflictividad social. Organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han advertido que esta volatilidad incide en la confianza de inversionistas y en el desempeño de sectores económicos.
En este escenario, el posible enfrentamiento entre Fujimori y Sánchez introduce un contraste ideológico que suele ser leído por los mercados. Mientras algunos sectores asocian candidaturas de derecha con continuidad económica, propuestas de izquierda abren discusiones sobre reformas estructurales. Aun así, el desenlace permanece abierto y condicionado por un electorado fragmentado.
Turismo en un entorno de incertidumbre
El turismo suele reaccionar con rapidez a contextos políticos inestables. De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, la percepción de estabilidad es un factor determinante en la elección de destinos, especialmente para viajeros internacionales.
En Perú, destinos como Machu Picchu, Cusco y Lima dependen en gran medida del turismo extranjero, lo que los hace sensibles a cambios en la percepción internacional. Existen antecedentes recientes: durante las protestas sociales de finales de 2022 e inicios de 2023, el país registró cancelaciones, cierres temporales de atractivos y una caída en llegadas internacionales, según datos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú.
Aunque el actual proceso electoral no ha generado alteraciones operativas en el sector, sí introduce un componente de cautela. Agencias de viajes y operadores suelen ajustar su comunicación y sus estrategias comerciales en escenarios de balotaje polarizado, especialmente cuando hay incertidumbre sobre el rumbo económico o posibles cambios regulatorios.
A nivel internacional, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) ha señalado que factores como la seguridad, la conectividad aérea y la gestión de crisis pesan de forma directa en la confianza del viajero. Esto sugiere que, más allá del resultado electoral, la estabilidad operativa y la capacidad institucional serán determinantes para el comportamiento del turismo en el corto y mediano plazo.
A pocas semanas de una posible segunda vuelta, el panorama continúa abierto. Para el turismo, el foco no se limita al resultado electoral, sino a la capacidad del próximo gobierno para sostener condiciones de estabilidad y garantizar la continuidad de un sector clave en la economía peruana.



