Con metas de reducción de CO₂ y empleo sostenible, Perú traza un camino para que el turismo crezca sin desbordar sus ecosistemas.
Perú puso en marcha una hoja de ruta que cambia la lógica de crecimiento del turismo hacia un modelo que busca generar valor sin aumentar la presión sobre los ecosistemas. La estrategia de economía circular al 2030 plantea integrar sostenibilidad, innovación y competitividad en toda la cadena del sector, en un país donde la biodiversidad es uno de sus principales activos turísticos.
El enfoque cobra especial relevancia en destinos como Machu Picchu y la Amazonía, donde la fragilidad ambiental exige medidas que permitan gestionar el flujo de visitantes sin comprometer los recursos naturales. La propuesta apunta a reducir la huella ecológica del turismo y, al mismo tiempo, asegurar la permanencia de estos territorios como atractivos a largo plazo.
Más ingresos y empleo sin ampliar la huella ambiental del turismo
La hoja de ruta proyecta un impacto económico superior a S/1.200 millones en el PIB turístico y la generación de cerca de 31.000 empleos asociados a actividades sostenibles. Este escenario ubica al sector como un motor de crecimiento que también abre espacio para el empleo verde y nuevas oportunidades en las regiones.
En el componente ambiental, el plan establece metas concretas como la reducción de hasta 74 millones de toneladas de CO₂ y la conservación de más de 2 millones de hectáreas. Estas cifras alinean al turismo con los objetivos climáticos y lo vinculan directamente con la protección del patrimonio natural y cultural.
Para alcanzar estos resultados, la estrategia incorpora medidas como la disminución de residuos, el uso eficiente del agua y la energía, y el desarrollo de cadenas de valor sostenibles. La intención es optimizar recursos y mejorar la operación del sector sin ampliar su impacto ambiental.
Más allá de acciones específicas, el planteamiento introduce un cambio estructural. El modelo lineal basado en producir, consumir y desechar cede paso a una lógica circular en la que los recursos se reutilizan y se mantienen en uso el mayor tiempo posible. Esta transición implica ajustes en la gestión empresarial, la operación de los destinos y la relación con las comunidades locales.
El diseño de la hoja de ruta contó con el respaldo de cooperación internacional y la participación de actores públicos, privados y académicos, lo que amplía su alcance y facilita su implementación. El reto ahora se traslada a la ejecución y a la capacidad de articular a todos los involucrados en torno a objetivos comunes.
Con este movimiento, Perú busca posicionarse dentro de la región como un caso de referencia en turismo sostenible, en un contexto donde la presión sobre los destinos y la necesidad de modelos más responsables marcan la agenda del sector.
Leer más:
- El modelo italiano para derrotar al sobreturismo
- Mincetur plantea un giro en el turismo peruano
- Perú cambia las reglas del turismo y prioriza su biodiversidad
- Semana Santa redefine las rutas turísticas en Perú
- El shutdown en Estados Unidos se prolonga y Washington despliega agentes de inmigración en aeropuertos


