Perú reordena su modelo turístico con una apuesta por la economía circular que busca atraer inversión y cambiar cómo opera el sector.
El modelo turístico de Perú entra en una fase de ajuste estructural con la publicación de su Hoja de Ruta de Economía Circular del Turismo al 2030, un instrumento que busca reconfigurar la forma en que opera la actividad en los próximos años y abrir espacio a nuevas inversiones.
El punto de partida es un diagnóstico claro: la cadena de valor turística sigue un esquema lineal con impactos acumulados sobre recursos naturales y el entorno. El uso intensivo de agua, energía y suelo, la generación de residuos, en especial plásticos de un solo uso y desperdicio alimentario, y el aumento en emisiones de gases de efecto invernadero configuran un escenario que exige cambios en la operación del sector.
El contexto regional refuerza esa urgencia. América Latina y el Caribe registra una tasa de circularidad inferior al 1%, lejos del promedio global de 6.9%. En el caso peruano, apenas el 2.67% de los residuos municipales se valoriza, mientras que las energías renovables representan el 26.7% del consumo total, lo que evidencia brechas en la transición hacia modelos más eficientes.
El giro que plantea la economía circular
Frente a ese panorama, la hoja de ruta define cuatro frentes de acción: gobernanza y entorno habilitante, modelos de negocio, consumo y territorios turísticos. El primero concentra medidas orientadas a reorganizar el marco institucional y atraer capital hacia proyectos alineados con criterios circulares.
Desde el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), a través del Viceministerio de Turismo, se articula la implementación con entidades públicas y actores del sector. Entre las acciones previstas se incluye la incorporación de funciones de economía circular en la estructura institucional, así como la formulación de inversiones dentro del Programa Multianual de Inversiones con enfoque en sostenibilidad.
La estrategia también contempla mecanismos para dinamizar la financiación, con énfasis en esquemas como Obras por Impuestos y Asociaciones Público-Privadas, además de la promoción de capital extranjero en proyectos turísticos con criterios ambientales. A esto se suma la creación de estándares nacionales que integren sostenibilidad en sellos y certificaciones del sector, junto con el desarrollo de una línea base que permita medir impactos y avances en mitigación de emisiones.
En paralelo, los otros ejes introducen medidas dirigidas a la formalización de prestadores de servicios, el acceso a recursos para investigación e innovación y la incorporación de empresas con oferta vinculada a economía circular dentro de la cadena turística.
La proyección económica del plan ubica su impacto potencial en hasta S/ 1.200 millones adicionales al PBI turístico hacia 2030. Con esta hoja de ruta, Perú se posiciona como el primer país de la región en estructurar un instrumento específico para orientar la transición del turismo hacia un modelo circular.


