Keiko Fujimori asumirá la presidencia de Perú con un reto urgente para el turismo: recuperar la seguridad, la estabilidad y la confianza internacional.
La elección se produce luego de una década especialmente turbulenta para la política peruana. Desde 2016, ocho presidentes han pasado por el poder, en un escenario de confrontación permanente entre Ejecutivo y Congreso, protestas sociales, investigaciones por corrupción y creciente presencia del crimen organizado. Esa volatilidad ha tenido un impacto directo sobre la actividad turística, especialmente en destinos internacionales clave como Cusco, Machu Picchu, Lima y la Amazonía.
El propio plan de gobierno de Fuerza Popular reconoce que la inseguridad se convirtió en el principal problema estructural del país y que afecta directamente la inversión, el empleo y el desarrollo económico. El documento plantea que el 84% de los peruanos se siente inseguro en sus ciudades y advierte sobre el avance de delitos como extorsión, sicariato y crimen organizado
Ese diagnóstico resulta especialmente sensible para el turismo receptivo. Operadores, cadenas hoteleras, aerolíneas y agencias internacionales observan hoy a Perú no solo por su enorme valor patrimonial y gastronómico, sino también por los riesgos asociados a conflictos sociales, bloqueos de carreteras, violencia urbana y debilitamiento institucional.
Seguridad y conectividad: los dos frentes urgentes para el nuevo gobierno
En ese contexto, uno de los principales desafíos del nuevo gobierno será devolver previsibilidad al mercado turístico internacional. La industria necesita estabilidad política para recuperar conectividad aérea, atraer inversiones hoteleras y fortalecer el flujo de visitantes de largo radio provenientes de Europa, Norteamérica y Asia.
Aunque el plan de gobierno de Fujimori prioriza el concepto de “orden” como eje transversal del próximo quinquenio, el impacto de esa estrategia será evaluado rápidamente por el turismo internacional. El documento propone fortalecer el patrullaje, modernizar comisarías, implementar centros de videovigilancia y desplegar sistemas de inteligencia para combatir el crimen organizado.
Para el sector turístico, esas medidas no solo tienen una dimensión doméstica. También representan señales hacia mercados emisores que durante los últimos años observaron con cautela los episodios de violencia y conflictividad en Perú. La seguridad en corredores turísticos, aeropuertos, terminales terrestres y centros históricos será determinante para reposicionar al país.
El turismo espera menos burocracia y más inversión
Otro punto relevante para la industria será la capacidad del nuevo gobierno para reducir la burocracia y acelerar inversiones. El plan económico de Fuerza Popular promete un “shock desregulatorio”, digitalización de trámites y reducción de tiempos administrativos para proyectos de inversión.
Esa agenda podría beneficiar directamente al turismo, particularmente en infraestructura aeroportuaria, desarrollo hotelero, proyectos de conectividad regional y expansión de servicios turísticos en destinos emergentes. En los últimos años, varias inversiones vinculadas al sector enfrentaron retrasos derivados de trámites estatales, conflictos sociales y falta de articulación institucional.
La administración de Fujimori también deberá enfrentar otro desafío crítico para el turismo: recuperar la confianza internacional en la gobernabilidad peruana. La ajustada victoria electoral y el rechazo anticipado de Roberto Sánchez a reconocer un eventual gobierno de Fuerza Popular anticipan un escenario político tenso desde el inicio de la gestión.
El desafío será recuperar la imagen internacional de Perú
La gobernabilidad será clave para evitar nuevos episodios de protestas masivas o interrupciones en rutas turísticas estratégicas, como ocurrió en años recientes con bloqueos que afectaron operaciones ferroviarias hacia Machu Picchu y vuelos domésticos en distintas regiones del país.
En paralelo, el turismo peruano llega a esta transición presidencial con ventajas competitivas intactas. Perú mantiene una de las ofertas más sólidas de América Latina en patrimonio arqueológico, biodiversidad, gastronomía y turismo de naturaleza. Sin embargo, el mercado internacional exige hoy algo más que atractivos: demanda estabilidad, seguridad y continuidad operativa.
La victoria de Fujimori también marca el regreso del fujimorismo al poder más de dos décadas después de la caída de Alberto Fujimori. Su plan de gobierno insiste en la necesidad de “orden para vivir, trabajar, emprender e invertir”, una narrativa que ahora deberá traducirse en resultados concretos para sectores altamente sensibles a la percepción internacional, como el turismo.
Para la industria turística regional, el nuevo ciclo político en Perú será seguido de cerca. El país continúa siendo uno de los mercados más relevantes del turismo sudamericano, tanto por volumen de visitantes como por conectividad aérea y posicionamiento global. La capacidad del gobierno entrante para estabilizar el escenario interno será determinante no solo para la recuperación del turismo receptivo, sino también para la competitividad regional en los próximos años.


