Mientras el país define una de las elecciones más reñidas de su historia reciente, el próximo gobierno heredará un sector turístico que crece nuevamente, pero que aún enfrenta desafíos clave.
La segunda vuelta presidencial en Perú mantiene en vilo al país. Con más del 93% de las actas escrutadas, la diferencia entre la candidata de derecha Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez se redujo a apenas unos miles de votos, en una contienda que refleja nuevamente la profunda división política y social de la nación andina.
Durante gran parte del conteo, Fujimori conservó una ventaja mínima. Sin embargo, la llegada de actas provenientes de zonas rurales permitió que Sánchez acortara la distancia e incluso tomara momentáneamente la delantera. Al cierre de esta edición, ambos candidatos permanecían separados por menos de 3.000 votos, mientras continuaba el ingreso de sufragios emitidos en el exterior, considerados clave para el resultado definitivo.
La ajustada disputa recuerda otros procesos electorales recientes en Perú y deja en evidencia un escenario de polarización que ha marcado la vida política del país durante la última década. El próximo presidente, independientemente de quién resulte ganador, asumirá el poder con un margen estrecho y frente a un país que continúa enfrentando desafíos institucionales, económicos y sociales.
El próximo presidente recibirá un turismo en recuperación
Más allá del desenlace electoral, uno de los sectores que observa con atención el resultado es el turístico. Perú cerró 2025 con más de 4.15 millones de visitantes internacionales, una cifra superior a la registrada en 2024, pero todavía por debajo de los niveles alcanzados antes de la pandemia.
La recuperación ha sido impulsada por mercados emisores como Chile, Estados Unidos, Ecuador, Bolivia, Colombia y Brasil, así como por el atractivo permanente de destinos como Machu Picchu, Cusco, Lima y la Amazonía peruana. El crecimiento de la actividad ha permitido que el país recupere buena parte del terreno perdido durante la crisis sanitaria, aunque aún no alcanza los registros históricos de 2019.
El comportamiento del turismo en los próximos años estará estrechamente ligado a la capacidad del nuevo gobierno para ofrecer un entorno de mayor previsibilidad. La industria ha enfrentado en los últimos años el impacto de la inestabilidad política, los cambios frecuentes de gobierno y episodios de conflictividad social que afectaron la imagen del destino ante los viajeros internacionales.
Infraestructura, conectividad y confianza, los retos de la próxima administración
Entre las prioridades que heredará el próximo mandatario aparecen el fortalecimiento de la conectividad aérea, la modernización de la infraestructura turística, la atracción de inversiones y la promoción internacional del destino.
A estos desafíos se suma la necesidad de gestionar de manera sostenible los principales atractivos del país. El crecimiento del flujo turístico en destinos emblemáticos ha reabierto el debate sobre la capacidad de carga y la conservación de lugares patrimoniales como Machu Picchu, uno de los principales motores del turismo peruano.
Mientras la autoridad electoral avanza en el conteo de votos, el sector turístico permanece atento a la conformación del próximo gobierno. La elección no solo definirá el rumbo político de Perú durante los próximos años, sino también las condiciones bajo las cuales una de las industrias más importantes de su economía buscará completar su recuperación y competir con mayor fuerza en el escenario turístico regional.



